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Antonio Alberto Adinolfi, y el honor personal de ser chacarero

ARCHIVOCES DE OFI/EXCLUSIVO/Desde DURAZNO/ENTREVISTA/Eduardo MÉRICA para Diario Uruguay

-¿Para que un hombre llegue a ser premiado por su honor debe pasar por el drama y la gloria?
-Yo le diría: «No debiéndole nada a la vida y ella tampoco nada a uno».

-¿Usted cree en la suerte?
-Juega su «rolcito». A mi me sirvió de mucho -especialmente- cuando me dediqué al periodismo.

-¿La suerte es un protagonista de lujo en el fútbol?
-No. No. Porque yo soy de esos que dicen: «Cuando una pelota pega en un palo… ¡no es por mala suerte!».

-¿Es mala suerte para el fútbol del interior, que el que gobierne lo tenga que hacer desde Montevideo?
-Yo no estoy en desacuerdo que la sede de la OFI esté en Montevideo. Lo que me interesa es que la encuentre con mayor jerarquía, que las Confederaciones.

-¿Qué reconoce de su suerte personal?
-De lo que me dicen. hasta hoy, algunos amigos: «Que yo nací dentro de una pelota».

-¿Porque pudo realizar las tres cosas que más quería en la vida?.
-Le comento la primera: Cuando cursaba la escuela primaria, en el 4° año, un día, la maestra doña Beba Mondragón, nos pidió a todo los alumnos que en el cuaderno de clase apuntáramos qué queríamos ser cuando fuéramos mayores, y… Recuerdo que la mayoría de los chicos pensaban en ser médicos, abogados, militares… en cambio, yo deseaba jugar en el primero del Club Atlético Peñarol.

«Lo que pasa que la AUF siempre nos miró con desprecio por el famoso profesionalismo marrón, que se le cargó al fútbol del Interior».

Antonio Alberto Adinolfi

-¿Y qué pasó?.
-Lo más interesante de todo que eso se dio muchos años después, cuando un día golpearon a mi puerta,
donde un chico me alcanzó una hoja de papel. ¿Sabe una cosa?, aquélla maestra me estaba enviando «mi sueño de niño». ¡Qué emocionante! ¡Qué cosa divina, fue aquello!. Fue un momento de mi vida realmente maravilloso que conservo en lo más hondo de mi corazón.

-Desde Durazno, y le pido que no se mueva: ¿Cómo miró siempre usted a la OFI?
-Agregaría: la OFI es más seria y con mayor poder que las propias Confederaciones.

-¿Nunca extrañó su pueblo natal, Paso de los Toros?
-No. No. Muy poco…

-¿Por qué no?
-Yo lo que hice en Paso de los Toros fue nacer. En cambio, aquí en Durazno abrí mis ojos al mundo desarrollando todas mis facetas.

-¿Tuvo que abrir muchas veces sus ojos para ver que le hacía la Asociacion Uruguaya de Fútbol al fútbol del interior?
-Lo que pasa que la AUF siempre nos miró con desprecio por el famoso profesionalismo marrón, que se le cargó al fútbol del Interior.

-¿Por qué ese sorprendente cariño que veo que tiene usted hacia la OFI?
-Por ejemplo, por la calidad de sus dirigentes…

-Me quiere decir: ¿Que siempre estuvo a salvo la identificación del fútbol del interior?
-Si la OFI está en Montevideo, no quiere decir que esté ligada y obligada a seguir los cánones del fútbol
profesionalizado de la AUF.

-Después de medio siglo, ¿cómo ve a la OFI?
-Con sus ojos y oídos en el interior.

«La OFI, es el gran semillero del fútbol profesional capitalino, corriendo siempre en desventaja frente a la Asociación Uruguaya de Fútbol. En una lucha contra el poder, el dinero y la prensa montevideana»

-¿Ve a la OFI con una posible integración futura con la AUF?.
-Hace 20 o 30 años atrás cuando me consultaron, yo dije: «lo veo verde». Lo que pasa es que la Asociación Uruguaya de Fútbol nos miró siempre con desprecio por el famoso «profesionalismo marrón» que se le cargó al fútbol del interior.

-No nos olvidemos de la falta constante de la palabra, que para usted veo tiene un gran sentido ¿O no?.
-Sí. Sí. Sí… siempre. Y esa es una verdad tremenda y absoluta de toda la vida del fútbol uruguayo.

-Para usted, ¿sigue siendo verdad, qué el fútbol de hoy, no es como el de antes?.
-No. Yo digo al revés: «que el fútbol de ayer, no es como el de hoy».

-¿Por qué?
-Antes el jugador tenía mayor libertad para jugar…

-¿Usted tuvo libertad para jugar en el arco Peñarol de Montevideo?.
-En aquel momento hubo tres grandes para el arco, Máspoli, Pereyra Nattero, Decaro y después, yo. Igual, llegué a jugar algunos partidos formando el triángulo final con Espósito y Possamay.

-¿Fue así como me contaron que a su regreso a Durazno, decidió enseguida ser juez de fútbol?
-Un día en un clásico duraznense entre Unión Juvenil y Wanderers, luego de cobrar una falta dentro del área
-con tiro penal- los jugadores de Wanderers se resistieron a aceptar la pena máxima, y ahí mismo decidí suspender el partido por falta de garantía. Y me mandé a mudar de la cancha!!!!!.

-¿Qué pasó luego?
-Lo que pasó, es que nunca -hasta ese día- había ocurrido en Durazno, que un árbitro llegara a suspender un partido de fútbol. No se conocía, en verdad, y todos por ese acto me desconocieron.

-Su último intento de no abandonar el fútbol, ¿se dio con el periodismo?
-Un día llegué a la emisora para hablar con el director de Radio Durazno, don Raúl Evangelisti, para pedirle
un espacio radial. Así pude vivir la época de oro del fútbol de Durazno, siendo testigo de los grandes triunfos
en el ámbito nacional.

-¿Me imagino las cosas que observó y debió relatar fielmente?
-Cuando uno actúa tiene que ajustarse a la lógica, aunque sea criticado o querido.

-Disculpe la pregunta: ¿Le da lástima que otros colegas nacidos en el interior de nuestro país, se olviden para que está la OFI?
¡Es una barbaridad! ¡Son unos analfabetos!… en fútbol y en expresiones. Porque la OFI es el gran semillero
del fútbol capitalino, corriendo siempre en desventaja frente a la Asociación Uruguaya de Fútbol.
En una lucha contra el poder, contra el dinero y contra la prensa montevideana. Y todo esto es muy cierto,
de que colegas que se han ido -por razones profesionales – a Montevideo, se olviden del fútbol del interior.
Lo que pasa es que ahora están muy cerca del calor de la prensa, sabiendo qué es lo que económicamente
realmente interesa. Quiero decir: que saben lo que les conviene, como hablar mejor de la AUF que de la propia OFI.

-Antonio… ¿Era mejor su época para escuchar y disentir en estos temas?
-Desde luego, por eso cuando yo tomé la bandera del periodismo, la tomé con la convicción de que iba a hacer honesto y sincero. Y no los otros triunfos, los que animan a no decir: «que tal jugador es un patadura»
porque está respaldado por «fulanito» que le da buenos dividendos. Esos, ¡no sirven para nada!.

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